El Festival Ópera a quemarropa alcanza su tercera edición desplazándose definitivamente de la condición de iniciativa emergente hacia una posición estructural dentro del mapa operístico contemporáneo. Su consolidación no se mide únicamente en continuidad, sino en la expansión de su campo de acción: de la programación a la producción, de la exhibición a la coproducción, del evento al sistema. En ese movimiento, la Comunidad de Madrid deja de operar como un mero contenedor para convertirse en un nodo activo de creación, circulación y pensamiento en torno a la ópera de cámara, articulando alianzas con instituciones como el Gran Teatre del Liceu, el Teatro de la Maestranza y Ópera de Tenerife.
La edición, que se despliega entre el 3 y el 18 de julio en San Lorenzo de El Escorial, Aranjuez y Alcalá de Henares, reúne seis propuestas que condensan una idea clara: la ópera de pequeño formato como espacio de riesgo, precisión y futuro. Bajo una identidad visual firmada por Miguel Trillo, el festival traza una dramaturgia global que no responde a una lógica acumulativa, sino a una arquitectura de tensiones entre pasado, presente y proyección.