Al Qadiri no aborda el petróleo como un simple recurso económico. Lo observa como una materia que ha organizado deseos colectivos, jerarquías internacionales y formas de dependencia. En su lectura, el crudo ha sido presentado durante más de un siglo como motor de desarrollo, pero su expansión también ha estado unida a la explotación, la desigualdad, las estrategias geopolíticas y las dinámicas coloniales. ‘Hero’ parte de esa tensión. La exposición analiza cómo una sustancia extraída de la profundidad de la tierra ha terminado por modelar ciudades, imaginarios, cuerpos y relaciones de poder.
El lenguaje elegido por la artista combina escultura, vídeo y pintura. Esa mezcla permite construir una experiencia inmersiva en la que el espectador no se enfrenta a un discurso lineal, sino a una serie de apariciones. Los petroleros, sus nombres, sus formas técnicas y su legado tóxico se convierten en fragmentos de una historia mayor. La industria fósil aparece como una maquinaria que promete comodidad y eficiencia, mientras deposita sus residuos en el mar, en el aire, en la tierra y en la vida humana.
El motivo dominante de la exposición es el tanque petrolero entendido como emblema contemporáneo. Al Qadiri lo transforma en protagonista de una narración sobre la desmesura. La embarcación deja de ser una infraestructura neutral para adquirir una densidad casi mitológica. Es coloso, monstruo, ruina anticipada y monumento industrial. Su presencia resume una paradoja central de la modernidad: la misma tecnología que permitió acelerar el comercio mundial también dejó una estela de contaminación, dependencia energética y devastación ecológica.
La instalación reúne varios grupos de obras, muchos de ellos creados para esta exposición. El color rojo aparece como uno de los signos visuales más insistentes. Domina el espacio y remite al tributilestaño, conocido como TBT, un biocida altamente tóxico utilizado en pinturas antiincrustantes dentro de la construcción naval. Su función técnica consistía en impedir que organismos marinos se adhirieran a los cascos de los barcos. Su consecuencia fue mucho más profunda: daños severos en los ecosistemas marinos. En la obra de Al Qadiri, ese rojo deja de ser un color industrial para convertirse en señal de alarma. Habla de productos petroquímicos que facilitan el movimiento del comercio global mientras contaminan aquello que tocan.
El recorrido se abre con ‘SS Murex’ (2023), una serie de cajas de luz con forma de ojo de buey. En ellas aparecen imágenes de archivo de antiguos petroleros que comparten el nombre Murex, tomado de un caracol espinoso apreciado como objeto decorativo durante la época victoriana. La referencia no resulta anecdótica. Uno de los primeros petroleros modernos, construido en 1892 por una compañía petrolera vinculada en su origen a un negocio familiar de comercio de conchas, llevó precisamente ese nombre. Durante las décadas siguientes, cientos de buques petroleros fueron bautizados con nombres de conchas y moluscos.
Ese detalle histórico permite a Al Qadiri establecer un puente entre extracción, ornamento y explotación. La belleza natural del molusco, convertida primero en objeto decorativo, termina proyectada sobre una flota industrial dedicada al transporte de crudo. La artista detecta ahí una continuidad inquietante: la capacidad humana para transformar la naturaleza en signo de prestigio, mercancía o infraestructura.
La sala principal está presidida por ‘Hero’ (2025), un mural monumental que muestra la vista lateral de un gigantesco petrolero en tonos negros y rojos. La imagen posee una fuerza casi propagandística. El barco aparece como una presencia imponente, fascinante y amenazadora. Su escala transmite poder industrial, pero también sugiere un mundo al borde de su propio agotamiento. La obra comenta la centralidad estratégica del petróleo en el tablero geopolítico y al mismo tiempo introduce una pregunta incómoda: qué sucede cuando los símbolos de progreso empiezan a parecerse a monumentos funerarios.
Al final de ese espacio emerge ‘Bulbous Bow’ (2025), una escultura de gran formato realizada en fibra de vidrio. La pieza reproduce la forma del bulbo de proa, una estructura técnica diseñada para reducir la resistencia del agua y mejorar la navegabilidad de los barcos. Al aislar ese fragmento, Al Qadiri convierte una solución de ingeniería en un objeto escultórico ambiguo. Lo que en el ámbito naval pertenece al cálculo y a la eficacia aparece en la galería como una forma extraña, casi orgánica, suspendida entre el diseño industrial y la anatomía monstruosa.
En ‘Seasons in Hell’ (2025), once modelos adaptados de petroleros se distribuyen por el espacio con una disposición ondulante. Funcionan como narradores de una historia geológica y humana. El título evoca una estación infernal, una temporalidad contaminada, una travesía por los estratos de la tierra y por las consecuencias de su explotación. Los barcos ya no son únicamente vehículos de transporte. Se convierten en testigos materiales de una civilización que ha extraído energía del subsuelo y ha trasladado sus costes hacia territorios, trabajadores y ecosistemas vulnerables.
La exposición culmina con ‘Oh Body of Mine’ (2025), una nueva obra en vídeo de diez minutos. En ella, Al Qadiri se aproxima a un astillero de desguace de superpetroleros en Bangladés. La elección del lugar amplía la lectura política de la muestra. El desmantelamiento de barcos fuera de uso se concentra principalmente en países del llamado Sur Global. Gran parte de los buques europeos termina en grandes astilleros de playa situados en Bangladés, India y Pakistán. Allí, la retirada de estos gigantes industriales se convierte en una operación compleja y peligrosa debido a la presencia de numerosas sustancias tóxicas incorporadas a su estructura.
El vídeo muestra escenas de apariencia apocalíptica. Los restos de los superpetroleros parecen cadáveres metálicos varados en la costa. La imagen se acompaña de una adaptación de ‘El barco ebrio’, poema escrito por Arthur Rimbaud en 1871. La referencia literaria introduce una capa poética que no suaviza la denuncia, sino que la vuelve más profunda. El barco de Rimbaud, asociado al desbordamiento visionario y a la deriva, se reencarna aquí en una materia pesada, tóxica y terminal. El viaje ya no conduce a la revelación, sino al despiece.
La trayectoria de Monira Al Qadiri ayuda a comprender la densidad de ‘Hero’. Su práctica abarca escultura, instalación, cine y performance. La artista ha desarrollado una investigación sostenida sobre la historia cultural del Golfo y sobre los imaginarios producidos por el petróleo. En sus obras confluyen la ciencia ficción, la memoria biográfica, las prácticas tradicionales y los códigos de la cultura popular. El resultado suele situarse en una zona inquietante, donde lo bello y lo siniestro conviven sin cancelarse.
Al Qadiri ha presentado exposiciones individuales en instituciones como Kiasma Museum de Helsinki, Bozar en Bruselas, Kunsthaus Bregenz, el Guggenheim Museum Bilbao, Haus der Kunst de Múnich, Blaffer Art Museum de Houston, Kunstverein Göttingen, Gasworks de Londres, Stroom Den Haag y Sultan Gallery en Kuwait. También ha participado en importantes citas internacionales, entre ellas la Bienal de Sharjah, Desert X Al Ula, la Bienal de Sídney, la Bienal de Borås, la Asia Art Biennial de Taiwán, la Expo de Dubái, el Palais de Tokyo, MoMA PS1, la Asia Pacific Triennial, la Bienal de Luleå y la Bienal de Atenas. En 2022 formó parte de ‘The Milk of Dreams’, la exposición central de la Bienal de Venecia.
Con ‘Hero’, la Berlinische Galerie acoge una exposición que convierte la industria petrolera en una narración visual sobre la época contemporánea. El petrolero aparece como héroe oscuro de un sistema que confundió abundancia con poder ilimitado. Monira Al Qadiri lo mira de frente, lo agranda, lo fragmenta y lo lleva al límite de su significado. Allí donde la modernidad quiso ver progreso, la artista encuentra una ruina activa. Allí donde hubo promesa de riqueza, señala contaminación, dependencia y memoria colonial. Su obra no clausura la pregunta, pero deja una imagen difícil de abandonar: un barco inmenso, rojo y negro, todavía flotando sobre los restos de una civilización fósil.









