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El Reina Sofía explora el universo íntimo de Blanca Sánchez en ‘Leche, nieve, lágrima, mano’

La Biblioteca y Centro de Documentación del Museo Reina Sofía abre al público ‘Leche, nieve, lágrima, mano. El saber hacer de Blanca Sánchez’, una exposición dedicada a revisar la trayectoria de Blanca Sánchez Berciano (Madrid, 1948-2007), una de esas figuras cuya importancia no siempre cabe en las categorías habituales de la historia del arte. Comisaria, gestora cultural, coleccionista, artista y presencia central de la movida madrileña, Sánchez construyó durante décadas una forma de estar en la cultura que no separaba la intuición del trabajo, ni el archivo de la vida, ni la sensibilidad privada de la práctica profesional.
Autor desconocido, retrato de Blanca Sánchez sonriente, en bata, multiplicada tres veces, ca. 1980. Archivo Blanca Sánchez, Biblioteca y Centro de Documentación, Museo Reina Sofía @Herederos de Blanca Sánchez

La muestra, abierta hasta el 9 de octubre, reúne casi un centenar de piezas pertenecientes al Archivo Blanca Sánchez Berciano, conservado en la Biblioteca y Centro de Documentación del Museo Reina Sofía. Cartas, tarjetas postales, fotografías, documentos administrativos, revistas, discos de vinilo, carteles y objetos diversos aparecen dispuestos en vitrinas y metacrilatos como restos materiales de una biografía cultural atravesada por amistades, proyectos, viajes, exposiciones, música, cine y escenas compartidas. A ellos se suman sus seis cuadernos de collage y dibujos, digitalizados para permitir una lectura más amplia a través de dos audiovisuales.

No se trata, sin embargo, de una exposición construida únicamente desde la nostalgia. Aunque muchos de los materiales convocan de manera inevitable la efervescencia de la movida madrileña, el proyecto propone una lectura más compleja. Blanca Sánchez no aparece aquí como un personaje atrapado en una época, sino como una trabajadora de la cultura cuya práctica creativa atravesó casi cuarenta años de actividad. La amplia, y a veces incierta, datación de algunos materiales no funciona como obstáculo, sino como una clave de interpretación: en Sánchez, el gesto de asociar, guardar, cortar, reunir y recomponer no fue un episodio puntual, sino una constante.

Costus, Divina providencia, 1982. Archivo Blanca Sánchez, Biblioteca y Centro de Documentación del Museo Reina Sofía

Formada entre Londres, Frankfurt, París y Colonia, Blanca Sánchez regresó en 1971 a un Madrid todavía marcado por el franquismo. Desde entonces, su trayectoria quedó vinculada a algunos de los espacios y nombres fundamentales de la cultura española contemporánea. Trabajó en los equipos de la galería Vandrés entre 1971 y 1980, de la galería Vijande entre 1981 y 1986, y del Círculo de Bellas Artes entre 1992 y 2006. Esa biografía profesional permite entender su posición singular: no fue solo testigo de una transformación cultural, sino una de sus mediadoras más activas.

Su presencia se extendió también al cine, la música y la escena artística de su tiempo. Participó en películas de su gran amigo Pedro Almodóvar, entre ellas ‘Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón’, estrenada en 1980, donde desempeñó un papel fundamental. También colaboró en cortometrajes de Iván Zulueta, comisarió la exposición de Andy Warhol en el Círculo de Bellas Artes en 1987 y ejerció como representante de Carlos Berlanga o Alaska y Dinarama, entre otros. Al mismo tiempo, fue reuniendo una colección de arte profundamente vinculada a sus propias vivencias, como si cada objeto conservado respondiera a una forma íntima de conocimiento.

El corazón simbólico de la exposición se encuentra en la mesa central de la sala, concebida como una evocación de su espacio de trabajo. Allí conviven documentos, flores, envoltorios de chocolates, azucarillos, fotografías y recortes. La disposición no busca imponer una lectura lineal, sino abrir una red de asociaciones intuitivas. En ese gesto se reconoce una de las claves del universo de Blanca Sánchez: su capacidad para poner en contacto elementos que, desde una mirada convencional, podrían parecer menores, dispersos o incluso incompatibles.

Esa lógica del collage no pertenece solo al campo de la imagen. En su caso, también fue una manera de organizar el tiempo, las tareas, los afectos y las relaciones profesionales. Las notas incluidas en la muestra permiten advertir cómo ese ejercicio asociativo, aparentemente caprichoso, respondía a una forma precisa de moverse entre mundos distintos. Para Sánchez, la alta y la baja cultura no eran territorios enfrentados. Eran zonas de contacto, superficies porosas, materiales disponibles para construir una sensibilidad propia.

Quico Rivas, To Pura Blanca [Para Pura Blanca], ca. 1993. Archivo Blanca Sánchez, Biblioteca y Centro de Documentación del Museo Reina Sofía @Heredera de Quico Rivas

De ahí la importancia del título. ‘Leche, nieve, lágrima, mano’ procede de un caligrama mecanografiado conservado en el Archivo Blanca Sánchez Berciano. La fórmula parece sencilla, casi doméstica, pero contiene una poética entera. La leche remite a lo cotidiano y nutricio; la nieve, a lo frágil y efímero; la lágrima, a la emoción expuesta; la mano, al gesto concreto de hacer, tocar, reunir y ofrecer. En esas cuatro palabras se condensa una manera de entender la cultura no como monumento frío, sino como una práctica encarnada.

La exposición es también un ejercicio de lectura colectiva. Ha sido desarrollada por estudiantes del itinerario de Prácticas en Comisariado del Máster Universitario en Historia del Arte Contemporáneo y Cultura Visual, organizado por la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad Complutense de Madrid y el Museo Reina Sofía. El comisariado corre a cargo de Lierni Abasolo Arregi, Carla Andrea Corbella Raggio, Rocío Gago Pijuan, Lorenzo Galera González, Salud Jarvis Díaz, Maia Larrea Pérez, Mario Wandu, Alejandro Manzano Tomás, Martina Marrero García, Míriam Rodríguez Serrano e Iker Veiga Lucena, con tutoría de Rocío Robles Tardío y Alberto Medina.

Autor desconocido, Blanca Sánchez reflejada en un espejo pintándose los ojos, Madrid, ca. 1975. Archivo Blanca Sánchez, Biblioteca y Centro de Documentación del Museo Reina Sofía @Herederos de Blanca Sánchez

‘Leche, nieve, lágrima, mano. El saber hacer de Blanca Sánchez’ revisa así una trayectoria decisiva desde un lugar poco habitual: no desde la solemnidad del gran relato, sino desde los materiales que revelan cómo se fabrica una vida cultural. En tiempos acostumbrados a separar la obra del archivo, la profesión del afecto y la memoria pública de los restos privados, la muestra propone otra lectura. Blanca Sánchez aparece como una figura clave de la cultura madrileña de los últimos cincuenta años precisamente porque supo trabajar en los márgenes visibles e invisibles de la creación. Su legado no está solo en aquello que produjo, impulsó o acompañó, sino en una forma de hacer: mirar, reunir, mezclar y convertir los fragmentos de una época en una inteligencia sensible del mundo.

Blanca Sánchez, About Blanca [Sobre Blanca], ca. 2000. Archivo Blanca Sánchez, Biblioteca y Centro de Documentación del Museo Reina Sofía©Herederos de Blanca Sánchez

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