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El Jardín de las Tullerías reúne patrimonio, diseño y memoria olímpica durante el verano parisino

El Jardín de las Tullerías reivindica este verano su condición de escenario privilegiado de la vida cultural parisina mediante una programación que reúne patrimonio, creación contemporánea y experiencias al aire libre. El regreso del pebetero de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de París 2024, una nueva colección de objetos para pícnic concebida por Luke Edward Hall, la primera tienda efímera del Palais des Thés y una nueva edición del festival de artes escénicas ‘Les Étés du Louvre’ proponen otra manera de recorrer uno de los espacios históricos más reconocibles de la capital francesa. La iniciativa transforma el jardín en algo más que una pausa vegetal dentro de la ciudad. Su paisaje, configurado a través de siglos de historia, funciona como punto de encuentro entre la memoria del Louvre, el diseño contemporáneo y una biodiversidad cuya riqueza suele quedar disimulada por la monumentalidad del conjunto.

Luke Edward Hall reinventa el pícnic parisino

Tras la acogida de su primera colección para el Louvre en 2025, el diseñador, decorador y esteta británico Luke Edward Hall prosigue su interpretación poética de las Tullerías con ‘Desde las Tullerías con amor’, una línea de objetos inspirada en los códigos visuales y en la atmósfera estival del jardín.
Una silla verde, una caja de madera de naranjo y la estatua de Hipómenes articulan el imaginario de esta nueva propuesta. La colección de 2026 incorpora además el lirio como motivo recurrente en una serie de piezas destinadas a prolongar la experiencia del almuerzo al aire libre: bolsas de tela, servilletas, fundas de cojín, botellas de agua, vasos y platos de metal.
Hall amplía ese pequeño ceremonial campestre con accesorios concebidos para las tardes demoradas bajo los árboles. Un sombrero de paja, un abanico, un estuche de acuarelas, un juego de jokari y una baraja de cartas completan una colección alegre y luminosa que reinterpreta la herencia francesa desde la sensibilidad gráfica del diseñador británico. Los artículos están disponibles en la librería del Louvre y en la tienda digital del museo.

Los sabores del Louvre llegan al jardín

Hasta el 23 de agosto de 2026, el Palais des Thés instala en colaboración con el Louvre su primera tienda efímera en las Tullerías. Concebida como una prolongación refrescante del paseo, la propuesta adopta la forma de un carrito al aire libre desde el que se ofrece una selección de tés helados para llevar.
La carta recupera las infusiones inspiradas en el universo del Louvre que la casa francesa desarrolla desde 2019. ‘Côté Cour’ combina té negro, cítricos y mora silvestre; ‘Côté Jardin’ reúne té verde, manzana, ciruela y membrillo; ‘Jardin de Vénus’ incorpora vainilla, naranja y algarroba, mientras que ‘Nuit Égyptienne’ mezcla menta, flor de saúco y arándano. Las bebidas se sirven en una taza diseñada por Luke Edward Hall, integrando así la propuesta gastronómica dentro de la identidad visual creada para esta temporada.
La experiencia se prolonga mediante una pequeña boutique en la que pueden adquirirse tés, infusiones, grandes cosechas, matcha, cestas de regalo y distintos accesorios. El espacio ofrece además otras variedades de té helado y una selección de piezas pertenecientes a ‘Desde las Tullerías con amor’. Diseño, consumo y patrimonio confluyen en una operación que traslada parte del universo museístico al terreno cotidiano, hasta convertir una bebida tomada a la sombra en otra forma posible de relacionarse con el Louvre.

El pebetero olímpico vuelve a elevarse sobre París

Convertido en uno de los símbolos más reconocibles de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de París 2024, el pebetero regresa al Jardín de las Tullerías entre el 21 de junio y el 14 de septiembre de 2026. Su silueta vuelve a ascender sobre la ciudad al caer la tarde, recuperando una imagen que quedó inscrita en la memoria colectiva de aquellos Juegos.
Gracias al apoyo de EDF, la instalación conserva su funcionamiento completamente eléctrico. Carece de combustible y produce su efecto mediante una combinación de agua y luz. El conjunto se eleva sujeto a un globo de helio de 22,4 metros de diámetro, desarrollado por Aérophile, empresa encargada de operarlo cada noche.
Durante el día, el acceso al pebetero es gratuito y no requiere reserva. Después del cierre nocturno del jardín, su ascenso puede contemplarse desde el exterior. La pieza recupera así su doble naturaleza: prodigio técnico y ceremonia pública. Allí donde la llama olímpica tradicional remitía a la combustión, esta estructura construye la ilusión del fuego sin quemar combustible, convirtiendo el agua, la electricidad y la luz en emblemas de una celebración concebida para el presente.

En su tercera edición, el festival «Louvre Summers» desplaza durante un mes la experiencia artística hacia los jardines del museo y devuelve a la Plaza Sanglier su condición de enclave cultural todavía secreto dentro de París. Después de instalar allí, el verano pasado, un teatro efímero con capacidad para 600 personas y congregar a más de 10.000 espectadores, el Louvre y el Festival de Verano de París recuperan una iniciativa que entiende el patrimonio como un espacio vivo, abierto a la representación y al encuentro.

Durante diez días y diez noches, tres escenarios distribuidos por el Jardín de las Tullerías acogerán una programación de danza, teatro, música y cabaré destinada a públicos diversos. El paisaje histórico abandona así su función contemplativa para convertirse en materia escénica: la naturaleza rodea la representación, la cultura ocupa el espacio común y la convivencia recupera su dimensión pública.

Un jardín construido por la historia

Antes de transformarse en museo al aire libre, refugio urbano y escenario de grandes acontecimientos, las Tullerías fueron el jardín del desaparecido palacio del mismo nombre. Catalina de Médici ordenó su creación en 1564 sobre el terreno ocupado por antiguos hornos de tejas, origen del nombre con el que todavía se identifica el lugar. El recinto permanece abierto al público desde el siglo XVII.
André Le Nôtre rediseñó posteriormente el jardín para Luis XIV y lo convirtió en una de las obras fundamentales del paisajismo formal francés. Su trazado, basado en la perspectiva, la simetría y la ordenación geométrica de la naturaleza, mantiene una relación visual y simbólica con el poder, pero también ha sido incorporado a la vida cotidiana de París mediante el paseo, el descanso y la contemplación.
Adscripto administrativamente al Louvre desde 2005, el jardín actúa como una prolongación exterior del museo. Alberga alrededor de un centenar de esculturas fechadas entre los siglos XVII y XXI, con obras de Antoine Coyzevox, Louis-Ernest Barrias, Paul Landowski, Germaine Richier, Jean Dubuffet, Giuseppe Penone y Louise Bourgeois. Este patrimonio, expuesto a la intemperie y a las transformaciones ambientales, recibe la atención periódica de los equipos de conservación.
La presencia de estas piezas convierte el recorrido en una experiencia en la que la escultura abandona el aislamiento de la sala y se enfrenta a la luz cambiante, las estaciones y la mirada accidental del transeúnte. En las Tullerías, el arte forma parte del paisaje sin dejar de alterar su lectura.
Bajo su arquitectura rigurosa, el jardín conserva una diversidad paisajística y biológica poco habitual en pleno centro urbano. Crecen en él más de treinta y cinco especies de árboles, entre las que sobresalen un rarísimo almez ‘cerasifera’, los conocidos árboles de Judas plantados durante el Segundo Imperio —hace más de 160 años— y una nueva generación de olmos incorporada recientemente a ambos lados de la Grande Allée.
Las cifras permiten comprender la magnitud de este territorio histórico. Sus 23 hectáreas de áreas verdes reciben alrededor de 14 millones de visitantes cada año. El recinto cuenta con seis estanques provistos de fuentes y surtidores, 106 estatuas y jarrones antiguos, modernos y contemporáneos, y aproximadamente 3.000 bancos, sillas y sillones.
Más de 3.000 árboles conforman su masa vegetal; los ejemplares más veteranos alcanzan los 160 años. Cada temporada se podan más de siete kilómetros de avenidas arboladas y se plantan 45.000 bulbos. A ello se suman 5.800 metros cuadrados de parterres, cuyo cuidado recae en un equipo de quince jardineros especializados.
Declarado monumento histórico en 1914, el Jardín de las Tullerías forma parte desde 1991 del conjunto de las riberas del Sena inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. También posee las distinciones de «Jardín Notable» y «Jardín Ecológico», reconocimientos que subrayan la convivencia entre su importancia histórica y las exigencias contemporáneas de conservación ambiental.
La programación del verano de 2026 recupera esa pluralidad sin convertirla en una mera escenografía turística. Entre el ascenso nocturno del pebetero, los objetos imaginados por Luke Edward Hall, los tés inspirados en el Louvre y los espectáculos de ‘Les Étés du Louvre’, las Tullerías vuelven a demostrar que el patrimonio permanece verdaderamente vivo cuando deja de contemplarse como una reliquia y se incorpora, con inteligencia, a los rituales del presente.

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