Urban Beat Contenidos

Premio Nobel de la Paz 2025: ¿Pedro Sánchez, Donald Trump o Benjamín Netanyahu?

El Comité Noruego del Nobel, lleva días enclaustrado, sin móviles, sin ninguna comunicación con el exterior, ni siquiera con sus familias, que interfiera en la decisión que incluye el ámbito de la paz. Al puro estilo del Cónclave, son interminables las horas que se les escurren de las manos a los cinco miembros del Comité Noruego del Nobel debatiendo a quién le otorgan el Premio Nobel de la Paz 2025. Se barajan tres nombres muy prominentes y controvertidos: Pedro Sánchez, Donald Trump y la incorporación de última hora de Benjamín Netanyahu. El Premio Nobel de la Paz se ha convertido, con los años, en un espejo de nuestras paradojas. Su brillo no siempre refleja la virtud pura, sino la complejidad de un mundo donde los hombres y mujeres que aspiran a la paz rara vez caminan por sendas limpias. Este año, el abanico de posibles laureados incluye a Pedro Sánchez, Donald Trump y Benjamín Netanyahu. Tres nombres que despiertan tanto aplausos como abucheos, y cuya evaluación exige un ejercicio de ironía, rigor y honestidad literaria: la misma que aplicamos al examinar los reflejos distorsionados de la política internacional, sin inmutarnos. La medalla de oro que representa a un grupo de tres hombres en un enlace fraternal en el reverso, con la inscripción "Pro pace et fraternitate gentium" ("Por la paz y la hermandad de los pueblos"). El anverso de la medalla muestra un retrato de Alfred Nobel. Por tanto, a partir de ahora, toda mi argumentación metafórica quedaría justificada.

Pedro Sánchez: el pacificador cauteloso

Pedro Sánchez aparece en escena como el diplomático que recita la palabra “paz” con la suavidad de un poeta, pero con la firmeza de quien sabe que el poder, exige matices. En sus discursos y gestos, España parece erigirse como una nación que se preocupa por los derechos humanos, que observa con preocupación los conflictos globales y que, desde su trinchera europea, intenta marcar la diferencia. Su defensa a ultranza  de la causa palestina y su apuesta irreductible por un desarrollo sostenible ejemplarizan la faceta más luminosa de su mandato: la de un hombre que se esfuerza por traducir ideales en política concreta.

Pero, como toda epopeya moderna, su relato está lleno de sombras. Críticos y observadores han señalado que, detrás de la retórica, la acción concreta muchas veces se diluye en compromisos internos, ajustes partidistas y promesas que no siempre encuentran su correlato en la realidad internacional. La nominación de Sánchez al Nobel provoca admiración en algunos círculos, pero en otros despierta sospecha: ¿Un galardón al político que habla de paz mientras lidia con conflictos internos y tensiones europeas? La duda, siempre presente, subraya que la paz no se mide solo por declaraciones, sino por resultados tangibles, consistentes y sostenibles.

Donald Trump: el pacificador disruptivo

Si Pedro Sánchez representa la diplomacia clásica, Donald Trump encarna la paz al estilo de un terremoto: imprevisible, disruptivo, ruidoso. Trump ha logrado acuerdos que nadie creía posibles en Oriente Medio; su nombre aparece ligado a los Acuerdos de Abraham, un conjunto de pactos que acercaron a Israel y varios países árabes en una dinámica inusitada. Su aproximación a la paz no es la de un monje sereno que haya sufrido un atentado de bala en un templo de la India, sino la de un empresario con rasgos muy cercanos a la esquizofrenia intelectual que negocia, amenaza y vende la idea de estabilidad con una mezcla de audacia y arrogancia, pero no es cualquier arrogancia, es una arrogancia de autócrata- dictador.

Y, sin embargo, esa misma audacia se convierte en su contradicción. Trump no ha escondido su apoyo incondicional a ciertos actores en conflictos prolongados; su manera de mediar a veces roza el favoritismo, la provocación per se y una incoherencia manifiesta que se ha convertido en parte de su marca. La paz, en su caso, tiene un sabor ácido de estrategia y espectáculo de circo barato de millonarios catetos, cristianos hipócritas. No es de sentido común otorgarle un Nobel a quien mezcla logros inconstitucionales contra el Capitolio,  con un teatro de poder tan evidentemente fascista, xenófobo, putero, transfóbico y cristiano que resulta casi imposible separar la nefasta intención  de la siniestra puesta en escena. Por ahora, en esta lista, me inclinaría por mi presidente Pedro Sánchez. Es menos sórdido y más coherente.

Benjamín Netanyahu: el sádico de la estabilidad

Benjamín Netanyahu aparece en este juego dialéctico como la figura que ha dominado la política de Oriente Medio durante décadas, de una manera poco ortodoxa, todo hay que decirlo. Su experiencia y su influencia son innegables: en su país poblado por judíos que le odian , y en la región, ha tejido estrategias que buscan consolidar posiciones, establecer alianzas y minimizar riesgos siempre y cuando los que le llamen genocida, al menos, lleven tatuada la Estrella de David. Para quienes valoran la consistencia, la tenacidad y lo gore de una masacre,  Netanyahu representa un candidato con méritos claros: ha buscado acuerdos de cooperación comprando y vendiendo armas a España, estabilidad regional con bombardeos continuos y relaciones diplomáticas duraderas con Estados de su categoría moral. Incluso, ha desarrollado una ofensiva radical en Gaza bajo el pretexto de que es la solución final  para el problema palestino-hamás.

Pero aquí surge la grieta irreversible: la paz que promueve Netanyahu no es universal; es territorial, estratégica, condicionada por un acervo filosófico que debía ser revisado, más que nada porque la palabra genocidio no se va a convertir en un tabú cuando debería quedar diáfana en todas las instituciones políticas que se respeten. Sus decisiones en Gaza, la gestión de operaciones militares y la respuesta a conflictos internos generan una narrativa contrapuesta. Por cada gesto que podría acercarlo al Nobel, existe una acción cuántica multiplicada que lo aleja de él. Y el colega judío, no contento con su lapsus mental, se va a la ONU y da un discurso que parecía una campaña electoral, ante un público que al verle en el estrado, se levantó y se fue.  La ironía de la candidatura de Mr. Security radica precisamente en esa dualidad: un genocida cobarde que presume de estabilidad y a su vez, deja víctimas infantiles inocentes  y tensiones de sangre y muerte en el camino, recordando frente a la ONU, que la paz no se impone, se construye y, sobre todo, se comparte.

Si nos permitimos un ejercicio comparativo, emerge un patrón fascinante: cada candidato encarna la tensión entre aspiración y realidad. Sánchez, con su retórica humanista, podría ser laureado por su defensa de derechos humanos y su compromiso con la sostenibilidad; sin embargo, las limitaciones de su poder y los compromisos internos lo someten a la crítica de quienes consideran que hablar de paz no basta. Trump, disruptivo y teatral, ha sufrido un atentado en un mitin con la posterior consiguiente muerte de Charlie Kirk. Su estilo imprevisible y su favoritismo selectivo, de la mano de ver a Angelina Jolie decir que no reconozco a mi país, lo ponen en la cuerda floja de la ética diplomática y lógica. Netanyahu, con su maestría estratégica genocida, mantiene la estabilidad en su región de una manera muy particular, pero lo hace a costa de decisiones controvertidas que desafían la noción clásica de paz universal. No podrá escapar nunca, la historia le condenará.

Este juego de luces y sombras refleja algo más profundo: la paz, como concepto, nunca es absoluta. No existe un galardón que pueda medirla con una regla rígida, ni un político que pueda encarnar su esencia sin contradicciones. Cada aspirante al Nobel de este año es un recordatorio de que la paz es, al mismo tiempo, un objetivo, una ilusión y un espejo que refleja nuestras propias exigencias éticas. La ironía es que, mientras debatimos quién merece el galardón, el mundo sigue girando con conflictos que ningún Nobel puede resolver por sí solo.

En última instancia, preguntar quién merece el Nobel de la Paz entre Sánchez, Trump y Netanyahu es un ejercicio de reflexión sobre la naturaleza humana, el poder y la contradicción. No se trata solo de medir logros; se trata de reconocer que la paz, incluso cuando se busca con la mejor intención, siempre lleva consigo grietas y ambivalencias. Cada uno de estos líderes ha dejado una huella: positiva para algunos, negativa para otros. La verdadera paz no se reduce a acuerdos o discursos, sino a la capacidad de reducir el sufrimiento, ampliar la justicia y construir puentes en medio de las diferencias.

Quizás el Nobel de la Paz no debería premiar solo resultados, sino la voluntad y el riesgo de buscarlos. Sánchez, Trump y Netanyahu nos enseñan, cada uno a su manera, que la paz es un terreno donde el mérito y la crítica conviven. Y tal vez, el verdadero galardón sea nuestra capacidad de entender la complejidad, de navegar entre aplausos y críticas, y de reconocer que la paz, como la literatura, se construye entre matices, ironías y contradicciones.

 

Compartir:

Facebook
Twitter

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¡Descarga ahora el último número de nuestra revista!

Federico García Lorca sigue desaparecido porque España buscó tarde y mal sobre un mapa trazado por el franquismo

Noventa años después de su asesinato, Federico García Lorca continúa sin cadáver, sin tumba y sin una certeza científica capaz de clausurar el último acto de una tragedia que España ha administrado mediante testimonios fragmentarios, búsquedas tardías, errores institucionales y una resistencia casi orgánica a mirar debajo de su propia tierra. El poeta más universal de la literatura española del siglo XX permanece atrapado en una paradoja intolerable: todos saben aproximadamente dónde lo mataron, abundan las teorías sobre quiénes participaron en el crimen y se han escrito bibliotecas enteras alrededor de sus últimas horas, pero nadie ha logrado determinar dónde depositaron su cuerpo. La desaparición no constituye un apéndice accidental del asesinato. Forma parte del crimen.

Yoani Sánchez desafía desde Instagram el cerco informativo cubano

Yoani Sánchez pulsa el botón de emisión en instagram y, durante unos segundos, en ese botón rojo, Cuba deja de ser una abstracción diplomática americana , una estadística económica fallida o una disputa ideológica administrada desde despachos extranjeros. Cuba vuelve a ser Cuba. Aparece una calle de La Habana sin luz, una conversación interrumpida, una cazuela golpeada, la respiración de quien sostiene el teléfono y la posibilidad de que la conexión desaparezca antes de que termine la frase. En sus frecuentes directos de Instagram, la periodista cubana no reconstruye el país cuando el acontecimiento ya ha sido domesticado por el sórdido lenguaje oficial. Lo transmite mientras sucede. Yoani Sánchez transmite desde una isla donde informar también significa exponerse a morir y ella es la única que puede hacerlo desde una voluntad de acero. Todos los cubanos de la diáspora deberían ponerse en su pellejo. Todos están esperando que otros como ella, lo hagan. Con lo machistas que son en Cuba y ha tenido que venir una mujer a darles lecciones de entendimiento a muchos hombres del exilio.

El Jardín de las Tullerías reúne patrimonio, diseño y memoria olímpica durante el verano parisino

El Jardín de las Tullerías reivindica este verano su condición de escenario privilegiado de la vida cultural parisina mediante una programación que reúne patrimonio, creación contemporánea y experiencias al aire libre. El regreso del pebetero de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de París 2024, una nueva colección de objetos para pícnic concebida por Luke Edward Hall, la primera tienda efímera del Palais des Thés y una nueva edición del festival de artes escénicas ‘Les Étés du Louvre’ proponen otra manera de recorrer uno de los espacios históricos más reconocibles de la capital francesa. La iniciativa transforma el jardín en algo más que una pausa vegetal dentro de la ciudad. Su paisaje, configurado a través de siglos de historia, funciona como punto de encuentro entre la memoria del Louvre, el diseño contemporáneo y una biodiversidad cuya riqueza suele quedar disimulada por la monumentalidad del conjunto.

Berlín reconstruye la memoria del Muro, 65 años después, para interrogar las fronteras del presente

Sesenta y cinco años después del inicio de la construcción del Muro, que alteró la geografía de Berlín y convirtió la división política en una experiencia física, la ciudad regresa a aquella herida con un programa que transforma la memoria histórica en experiencia urbana, creación artística y responsabilidad política. Del 13 al 16 de agosto de 2026, actos institucionales, exposiciones, testimonios, conciertos, lecturas, proyecciones y recorridos reconstruirán las consecuencias de una frontera que separó familias, modificó el transporte, condicionó hospitales y estaciones, e impuso al deseo de libertad la vigilancia de un Estado.

¿Dime con qué te evades y te diré quién eres en la Era del Cactus?

Los homosexuales siempre han sido los grandes precursores de las tendencias que el mundo heterosexual termina copiando, asumiendo y, a menudo, exagerando. Pasó con la moda urbana: desde la implantación de la riñonera o el bolso masculino, hasta los pendientes que hoy lucen con orgullo los futbolistas millonarios y que ya forman parte del patrimonio estético de la masa en la calle y los gimnasios. Es un proceso cíclico de asimilación cultural. Pero donde este patrón de imitación y réplica se repite con una precisión milimétrica no es en las pasarelas, sino en el mercado de la evasión existencial. Lo que empieza siendo un secreto a voces, un ritual de refugio en los afters gais y los espacios clandestinos de las grandes ciudades, acaba inevitablemente convertidose en una arraigada e incontestable práctica social transversal. Atrás quedaron ya los tiempos románticos y casi analógicos de la cafeína, las benzodiacepinas, el tabaco, los porros y la cocaína, sustancias que hoy consumen más algunos padres nostálgicos en sus cenas de reencuentro, que sus propios hijos.

¿Qué sabemos realmente de Jiddu Krishnamurti?

En 2026 se cumplen cuarenta años de la muerte de Jiddu Krishnamurti, ocurrida el 17 de febrero de 1986 en Ojai, California. El aniversario devuelve al primer plano a una figura cuya obra conserva una vigencia difícil de acomodar en los estantes habituales. Fue presentado durante su adolescencia como futuro guía espiritual de la humanidad y terminó impugnando la autoridad del maestro. Habló ante auditorios multitudinarios, pero pidió a quienes lo escuchaban que no lo convirtieran en referente. Promovió escuelas y aceptó la creación de fundaciones destinadas a preservar sus enseñanzas, aunque sostuvo que la verdad no podía quedar encerrada en una institución, una religión o un procedimiento. El aniversario de su muerte permite revisar la obra de un pensador que combatió la autoridad espiritual, investigó los mecanismos del miedo y convirtió la observación de la conciencia en una forma radical de responsabilidad. Su legado conserva una extraña actualidad, aunque también exige separar la intuición filosófica de la evidencia científica y la libertad interior de sus posibles simplificaciones.

También te puede interesar

Coslada Radial lleva la creación contemporánea al corazón de la periferia madrileña

Durante tres días, Coslada dejará de funcionar únicamente como escenario para asumir una posición más ambiciosa: la de una ciudad que incorpora la creación contemporánea a su vida cotidiana. Del 18 al 20 de septiembre, la sexta edición de Coslada Radial distribuirá espectáculos y actividades por distintos rincones del municipio con una programación concebida para aproximar los nuevos lenguajes escénicos a públicos diversos.
Impulsado por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Coslada en Madrid, el festival reúne danza, teatro, música, propuestas familiares, experiencias no convencionales, talleres y acciones participativas. Su política de acceso mantiene una dimensión pública reconocible: las actividades serán gratuitas o exigirán una aportación simbólica de un euro cuando resulte necesario controlar el aforo.

Federico García Lorca sigue desaparecido porque España buscó tarde y mal sobre un mapa trazado por el franquismo

Noventa años después de su asesinato, Federico García Lorca continúa sin cadáver, sin tumba y sin una certeza científica capaz de clausurar el último acto de una tragedia que España ha administrado mediante testimonios fragmentarios, búsquedas tardías, errores institucionales y una resistencia casi orgánica a mirar debajo de su propia tierra. El poeta más universal de la literatura española del siglo XX permanece atrapado en una paradoja intolerable: todos saben aproximadamente dónde lo mataron, abundan las teorías sobre quiénes participaron en el crimen y se han escrito bibliotecas enteras alrededor de sus últimas horas, pero nadie ha logrado determinar dónde depositaron su cuerpo. La desaparición no constituye un apéndice accidental del asesinato. Forma parte del crimen.

Gabriel Azorín proyecta en ‘Anoche conquisté Tebas’ una mirada queer sobre los silencios masculinos

El cineasta conversa con Urban Beat sobre la gestación de ‘Anoche conquisté Tebas’, la vulnerabilidad masculina, el tiempo, la creación colectiva y la necesidad de defender un cine situado fuera de la lógica inmediata del mercado. Una tarde de invierno de 2017, Gabriel Azorín levantó la cabeza desde una bañera con forma de sarcófago en las termas romanas de Bande y descubrió que aquella oscuridad estrellada podía reunir varios tiempos y devolver a los hombres aquello que durante siglos habían aprendido a callar. De aquella imagen nació ‘Anoche conquisté Tebas’, una película nocturna, radical y deliberadamente antiproductiva que necesitó seis años de trabajo antes de llegar a Venecia. «He callado muchas conversaciones que no llegué a tener con mis amigos; no fui capaz de reconocerles determinados miedos, de relacionarme con su vulnerabilidad o de mostrar la mía. A través de esas termas y de sus aguas mágicas, los personajes se atreven a hacer lo que yo no hice. Es una de las ventajas de la ficción: puede ser mejor que la vida».
Desde su estreno mundial en las Giornate degli Autori, la ópera prima de ficción de Azorín ha pasado por Nueva York, Viena, Gante y Tesalónica; ha obtenido el Premio Especial FUNDOS en la Seminci, el Grand Prix Janine Bazin y una mención especial en Belfort, y ha sumado otro reconocimiento en el D’A de Barcelona. El próximo 28 de agosto llegará a los cines de Madrid. La crítica ha celebrado su fotografía, su dominio del espacio y su aproximación insólita a la intimidad de los hombres: «Yo diría que es una mirada queer sobre el universo heterosexual», afirma el director.
Esa resistencia a complacer forma parte del sentido de la película: Gabriel Azorín no filmó para conquistar el mercado, sino para construir un territorio donde la amistad, el miedo y la necesidad de afecto pudieran escapar de los códigos que históricamente han condicionado su expresión.
Nacido en Hellín en 1981, Azorín se formó en la ECAM y cursó un posgrado en la Elías Querejeta Zine Eskola. Es miembro del colectivo de investigación artística lacasinegra, junto a María Antón Cabot, Carlos Pardo Ros y Elena López Riera. Tras dirigir varios cortometrajes y el largometraje documental ‘Los mutantes’, ha debutado en la ficción con una obra ambientada casi por completo en las termas de Bande, en Ourense, donde jóvenes contemporáneos y soldados romanos quedan unidos por el agua, la noche y una misma necesidad de afecto.

¿Qué hay de Freud en Dalí?

Salvador Dalí pudo sustituir el psicoanálisis por la ciencia, la religión o el mundo clásico en el relato que construyó sobre sí mismo, pero jamás consiguió expulsar a Sigmund Freud de su pintura. Bajo los cuerpos reblandecidos, las figuras múltiples, los objetos sometidos a mutación y la aparente arbitrariedad de sus paisajes persistió una misma operación: hacer visible aquello que la conciencia prefería mantener oculto. La exposición presentada por el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza propone revisar la carrera completa del artista de Figueres a partir de esa relación. El proyecto sigue la presencia del pensamiento freudiano desde los primeros conflictos familiares de Dalí hasta sus composiciones tardías, cuando las referencias religiosas y científicas ocuparon el primer plano sin borrar el mecanismo psicológico que había organizado su mirada. La muestra, comisariada por Jaime Brihuega, podrá visitarse del 20 de octubre de 2026 al 24 de enero de 2027.

Scroll al inicio

¡Entérate de todo lo que hacemos

Regístrate en nuestro boletín semanal para recibir todas nuestras noticias