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LAS PROPUESTAS DEL URBANISMO MARROQUISTA ESPAÑOL AL SERVICIO DE LA COLONIZACIÓN DE MARRUECOS – Mustafa Akalay

Mustafa Akalay Nasser, director de la escuela superior de la arquitectura y de construcción de la UPF. Durante la primera mitad del protectorado, la labor urbana de España en el Norte de Marruecos difiere mucho de la política urbana emprendida por el residente general Lyautey en el Marruecos Francés. Este último introduce directrices urbanísticas vanguardistas inspiradas en conceptos modernos del urbanismo convirtiendo así dicho protectorado en banco de pruebas. Lyautey, inspirándose en los métodos de Alejandro, dispuso que los planes de urbanismo se estableciesen sobre la base del respeto a las medinas, que empezaban a ser invadidas por el flujo de los primeros inmigrantes.
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La idea predominante en Lyautey era el respeto a las ciudades ya existentes. En el fondo de su alma de artista y de su temperamento de aristócrata, Lyautey quería salvar las medinas del vandalismo europeo, no sólo para conservar en ellas todo su contenido pintoresco o su original y compacto caserío, sino también y muy principalmente, para afirmar su constante voluntad de dejar a los marroquíes vivir según sus costumbres, en los límites de su marco espacial que ellos mismos se habían trazado. Así fue cómo concibió que las nuevas ciudades europeas, dotadas de todos los perfeccionamientos del urbanismo moderno se levantasen separadas de las medinas. Con ello pretendía también evitar los conflictos que podían derivarse de la promiscuidad de dos ciudadanías que tienen profundas diferencias en su modo de vivir. Pero, acaso Lyautey iba más lejos: dejando a un lado las medinas con todo su bagaje de notas de arte, casas cuidadosamente decoradas, puertas monumentales, mezquitas espléndidas y fuentes cantarinas, que él se proponía salvar de la ruina y restaurar con amor, y construyendo aparte la ciudad europea con sus amplias vías asfaltadas, sus grandiosos edificios, sus inmuebles de múltiples pisos dotados de todos los perfeccionamientos de la vida moderna , tal vez Lyautey pensó que el marroquí podría juzgar mejor los beneficios materiales de este urbanismo experimental implantado en esta primera fase del protectorado.

Una vez tomada esta decisión, estructuró los organismos que habían de desarrollarla sobre el terreno. Estos organismos fueron dos: un servicio de bellas artes, al que incumbía el cuidado de investigar, descubrir, catalogar, restaurar y conservar todo cuanto podía presentar Interés desde el punto de vista artístico y tradicional; y un servicio de planificación de las ciudades. Para dirigir este último servicio, Lyautey designó al arquitecto Henri Prost, que se había distinguido notablemente en la redacción del plan de ordenación de la ciudad belga Amberes. El criterio que aplica Prost con carácter general a los nuevos trazados de las ciudades de Marruecos es el de desplazar la población europea dejando aisladas las medinas, alrededor de las cuales establece la servidumbre de zonas no edificadas, para conservar sus perspectivas características. La ciudad colonial francesa o “ville nouvelle” fue construida extramuros, formando alrededor de la medina un amplio cinturón o cordón sanitario y compuesta por barrios de densidad muy variable. Podemos decir que Francia llevo a su zona de influencia sus inquietudes urbanísticas aun antes que en su metrópolis cristalizaran en un cuerpo de doctrina de alcance general.

En el caso de España, el guión es totalmente diferente y su producción urbana en la zona normarroquí, se resume a unas acciones y realizaciones puntuales en ésta primera mitad del protectorado. Cuando España recibió en 1.912 su zona de protectorado, la labor a desarrollar suponía un esfuerzo excesivo en relación con la superficie a tutelar. Se trataba de incorporar al “Majzen”, regiones y tierras que durante mucho tiempo le habían retirado la obediencia política a la autoridad del sultán; el más claro exponente de territorio desobediente “Siba”. Había que empezar de la nada, puesto que desde hacía algo más de cincuenta años, la situación, en 1.913, era la siguiente: Cinco ciudades históricas y aldeas rurales, cuya configuración era, por lo común, concéntrico entorno a un núcleo abierto, a modo de plaza, donde se hallaba la Mezquita. El resto eran aldeas nómadas o seminómadas. Las cinco poblaciones se dividían, a su vez, en dos grupos: Tetuán, ciudad “Hadaría”, la única con vida urbana y las ciudades “Badawiyas” de Larache, Arcila, Alcazarquivir y Xauen en las que se combinaban la vida campesina con la frecuente acción de las armas, pero todas ellas con una intensa vida agrícola.

“En general y por desgracia, puede considerarse que las ciudades de la zona española nacieron enfermizas en su administración. No captaron las ventajas de las “municipalités” francesas y pecaron de excesiva dependencia del poder central, pero a la vez, con responsabilidades y posibilidades presupuestarias mínimas”. (Alberto Darías Príncipe).

En resumen, podemos decir que había ausencia de una voluntad planificadora y carencia de una estética urbana: el primer núcleo del ensanche como ciudad nueva, ofrecía una imagen pobre a base de unas vías rectas, manzanas de casas insertas en un perímetro rectangular. “La ciudad nueva comienza al oeste de la plaza de España y es un conjunto de casas de varios pisos y cuarteles, que se dicen europeos, verdadera exposición de la decadencia arquitectónica de la vieja Europa mal interpretada, además, es decir, agravada por constructores sin gusto y sin el menor respeto por la tradición artística ni por el ambiente tetuaní”. (Leopoldo Torres Balbas).

Pero la ausencia de una verdadera y solvente planificación urbana, ha sido suplida o mejor dicho remplazada por una serie de propuestas y teorías urbanas, obra de generalizadores (un científico y un abogado) y no urbanistas, arquitectos ni ingenieros militares. Si hay algo que singulariza la cultura urbanística española es el hecho de que se condense en unos cuantos nombres excepcionales, cuyas vidas e ideas deslumbrantes han caído en el olvido por falta de apoyo institucional y financiero en esta primera mitad del protectorado al no llevarse a cabo sus utópicas teorías urbanas (la ciudad lineal y la ciudad jardín lineal).

El urbanismo experimental en la zona marroquí surge con las teorías urbanas de Arturo Soria y Mata y Hilarión González del Castillo. Entre éstas propuestas sobresalen la red de ciudades lineales a lo largo del litoral mediterráneo y atlántico como dispositivo de colonización de Marruecos, por parte del precursor del urbanismo africanista Arturo Soria y Mata, que concibió una urbanización lineal, igualitaria y descentralizada, viviendas unifamiliares con casa, jardín, taller y huerta, cooperativas de consumo, escuelas, teatro, parque de atracciones y un asilo para marginados fueron planificados, y algunos construidos en la ciudad lineal de Madrid. De esta actuación lineal de fines de siglo quedan hoy los restos degradados y alterados de un primer núcleo de unos cinco kilómetros.

El urbanismo “marroquista” o africanista español surge con los textos instauradores de Arturo Soria y Mata y Hilarión González del Castillo, dos figuras originales, innovadoras y lúcidas. Arturo Soria y Mata el creador de la ciudad lineal, fue un hombre fecundo en ideas y desplegó su actividad en numerosos campos: fue escritor, investigador “geómetra”, e inventor, como lo prueban su teodolito impresor automático, ingenioso aparato que perfeccionaba el levantamiento de planos topográficos; o su avisador de las crecidas de los ríos, de notable interés…Pero aparte su faceta investigadora, Arturo Soria fue ante todo un hombre de acción: un político.

Junto a Arturo Soria y a todos los hombres de finales del XIX vinculados a ese proyecto ideológico, social y urbano común que cristalizó en la ciudad lineal de Madrid, destaca Hilarión González del castillo, jurista, diplomático y publicista y uno de los principales propagandistas y defensores en los foros nacionales e internacionales de la ciudad lineal, que hizo trascender más allá de la experiencia madrileña para concebirla como una idea universal de urbanización. Estos dos nombres integraron las filas del movimiento marroquista español, plasmando su ideología urbanística, a lo largo del primer tercio de siglo XX, a través de sus escritos de urbanismo. Para Arturo Soria y Mata, Marruecos constituirá un territorio virgen y un laboratorio ideal en el que la más audaz y vanguardista ciudad lineal podrá realizarse y llevarse a cabo con el apoyo del gobierno de España: La ciudad lineal, como sistema de colonización y de repoblamiento de comarcas enteras abandonadas. Desgraciadamente por razones no obvias y confusas, y a pesar del empeño de Arturo Soria y Mata, este vanguardista proyecto colonizador quedó en agua de borrajas y sumido en una terrible nebulosa del olvido durante décadas.

La segunda teoría urbana tan meritoria como la primera es obra de un discípulo y consocio de Arturo Soria, el abogado y diplomático Hilarión González del Castillo, que proyectó una síntesis de la ciudad jardín inglesa y la ciudad lineal española en el territorio comprendido entre Ceuta y Tetuán, así como la ciudad jardín lineal de Cala Grande al este de Tánger como punto final del túnel bajo el estrecho y como punto de arranque la bahía de Val vaqueros en Tarifa. La idea de unir las dos orillas por vía de Tánger bajo el estrecho es recurrente desde finales del siglo pasado y todavía vigente hoy día.

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Diversas maneras de proyectar un urbanismo moderno y científico, capaz de servir de apoyo a un nuevo orden social y urbano, han visto la luz en España hacia finales del siglo XIX y comienzos del siglo veinte. Dichas concepciones son obra de un inventor y abogado y no patrimonio de especialistas y técnicos, los autores Arturo Soria y Mata, y Hilarión González del Castillo, preconizan de manera separada o estrecha, presupuestos urbanísticos y sociales en instancias administrativas, en revistas y en congresos. Proyectan e imaginan concepciones o soluciones que permiten ofrecer las mejores condiciones de vida para los colonos en territorios vírgenes. Porque según Arturo Soria: “la ciudad lineal aspira a ser una fórmula original de colonización y repoblación de campos, desiertos a los que quiere llevar los elementos de progreso, de comodidad y de riqueza que la civilización ha acumulado hasta ahora en las grandes capitales y porque, como se dice en la memoria presentada por la compañía madrileña de urbanización, es fórmula ideal aplicable en países coloniales, en tierras despobladas y salvajes que apenas conocen los beneficios de la civilización en naciones de escasa densidad de habitantes y falta de medios de comunicación y transporte. Así, convendría hacer largas, interminables ciudades lineales, en países pobres de población como China; en tierras fértiles como Ceilán, en regiones como las estepas de Liberia, y más que en ninguna parte, por lo fácil que allí sería y los admirables resultados que daría, dada su proximidad a Europa, en Marruecos, nación que conviene civilizar cuanto antes, llevando a ella, al mismo tiempo que soldados europeos que conquisten y dominen el territorio con la fuerza de las bayonetas, colonos europeos que conquisten la tierra, que creen riqueza y difundan bienestar, con el hierro del arado, con el carril del tranvía eléctrico, con el tubo del agua canalizada, con el árbol plantado y la casa construida”.

Aprovechando las condiciones sociopolíticas y económicas de la España primoriverista, Hilarión González del Castillo intenta poner en práctica su utopía que uniera las ciudades de Tetuán con Ceuta. El programa urbanístico de González del castillo se fue distanciando paulatinamente de la ciudad lineal de Arturo Soria hasta fundirse con la noción de ciudad jardín, conformando una formula diferente y renovadora a la que se debió sumar las peculiaridades de un territorio colonial como era entonces el norte de Marruecos.

“El proyecto de la ciudad lineal Ceuta-Tetuán es el último estudio conocido de este tipo realizado por González del Castillo, y supone la madurez conceptual de su idea linealista. No es original; en 1913, en el folleto de propaganda presentado en el Congreso de Gante ya aparece la idea adelantándose a otros lugares propuestos: China, Argentina, Siberia, Filipinas, Ceylán y Canadá. Este prototipo presentaba un carácter especial a causa de su doble vertiente: Ciudad Lineal militar y Ciudad Lineal colonizadora. Pero ni su trazado utópico, desde Tánger a Mogador, ni su ideario sociopolítico, ambiguo en exceso (“sería una forma de penetración pacífica, de conquista prudente y justa del territorio, un medio de atraer al indígena”), hacían pensar en una posible concreción … La Ciudad-Lineal-Jardín de Ceuta-Tetuán no pasó del proyecto; las consecuencias del crack del 29, cuyos efectos se sintieron en España en los años 30, los problemas de la II República, la Guerra Civil, la II Guerra Mundial contribuyeron a ello”. (Hilarión González del castillo)

Se tratan de textos fundadores del espacio que no llegaron a plasmarse sobre el terreno marroquí, pero representaron utopías posibles, desconocidas por el público en general, excepción hecha de un grupo restringido de estudiosos de la ciudad lineal. Dichos planteamientos contenidos en diversos escritos periodísticos de la época sustentan un importante discurso lineal que van a esgrimir Arturo Soria Mata y Hilarión González del Castillo para avalar sus utopías urbanas para colonizar Marruecos en el primer tercio del siglo. Arturo Soria y Mata, inventor de la ciudad lineal, la más importante aportación española a la ciencia urbanística moderna, como su coetáneo y gran africanista Joaquín Costa: “Consideraba Marruecos como la prolongación natural de España, y por lo tanto la salida para las clases más pobres, delincuentes, obreros sin empleo, campesinos sin tierra y militares para emigrar y establecerse en dicho territorio. El proyecto de la ciudad lineal como ciudad colonial en Marruecos, constituirá la solución y la curación de todos los males, porque allí tenemos el arreglo de nuestra economía y el desarrollo de nuestra población que hay, desangrándose en migraciones a Argelia y América”. (Dixit Arturo Soria Y Mata).

 

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