En agosto nos vemos nos habla de una protagonista, que reinventa su propio destino, su paraíso instantáneo, cada 16 de agosto, al llevar un ramo de gladiolos frescos a la tumba de su madre enterrada en un cementerio de una isla del Caribe descrita como un “pueblo indigente con casas de bahareque, techos de palma amarga y calles de arena ardiente frente a un mar en llamas” .Un paisaje que por instantes podría ser Cartagena de Indias, en donde hay un caserío pobre de pescadores mutilados por pescar con dinamita (La Boquilla), en donde hay niños desnudos, una laguna sembrada de cocoteros, con garzas, iguanas, cerdos, vendedores ambulantes, una avenida con palmeras reales, playas extensas y hoteles de turismo. Esta mujer es diametralmente opuesta al destino de las mujeres en las obras anteriores de Gabriel García Márquez, que viven los límites opresivos y dramáticos de una sociedad machista y patriarcal. Ana Magdalena Bach es una mujer culta, ilustrada, amante de la literatura y la música clásica, pero también del bolero. Una mujer de cabellos indios hasta los hombros, cuyos “ojos de topacio eran hermosos con sus oscuros párpados portugueses” y tiene los “senos redondos y altivos a pesar de sus dos partos” y se unta gotas de perfume Maderas de Oriente en el lóbulo de cada oreja. La protagonista encarna el tránsito de la antigua y anacrónica perspectiva del amor en una sociedad patriarcal y machista en la que hay mujeres maltratadas y silenciadas en el imaginario latinoamericano, y nos revela el amor sin prejuicios de la mujer independiente, liberada y dueña de su destino en el siglo XXI. En esta novela Gabriel García Márquez descifra con clarividencia contemporánea, las nuevas tensiones interiores del alma femenina, los cataclismos existenciales y emocionales, en contraste paradójico con una aparente y feliz vida conyugal. García Márquez decía en público y privado que él como todo escritor tenía tres vidas, una vida secreta, pública y privada, pero que en las tres gravitaban siempre como presencia ineludible, las mujeres. En toda esta novela hay referencias a libros y autores y a obras musicales: Ana Magdalena Bach lee ‘Drácula’ de Bram Stoker, en el primer agosto, y continúa con ‘El extranjero’ de Albert Camus, ‘El viejo y el mar’ de Hemingway, ‘El lazarillo de Tormes’, ‘Antología de cuentos fantásticos’ de Borges y Bioy Casares, ‘Crónicas marcianas’ de Ray Bradbury, Daniel Defoe, ‘El día de los trífidos’ de John Wyndham, entre otros, y escucha frente al primer seducido el ‘Claro de Luna’ de Debussy, y luego sigue escucha en próximos agostos: a Dvorak, Mozart, Schubert, Béla Bartók, Chaikovski, Aaron Copland, Celia Cruz, entre otros. En esencia, Gabriel García Márquez fue siempre un alquimista de las historias íntimas y buscaba que sus lectores inventaran y reinventaran la huidiza y misteriosa felicidad del amor, sin ataduras. El escritor batalló hasta el final con los lugares comunes, y fue más allá de la novedad vivencial de ese primer capítulo que genera un verdadero cataclismo en la vida de la protagonista. No se trataba de alargar y repetir encuentros con diversos amantes fugaces, sino confrontar las tensiones que palpitaran en su espíritu. Así que, en esta brevedad de seis capítulos, el autor reescribió como quien pule una piedra preciosa, y alcanzó una breve obra maestra de la literatura, intuyendo que no todo estaba resuelto en los encuentros corporales y sexuales de Ana Magdalena Bach, sino en los silencios cifrados del deseo no siempre alcanzado.









