El título de la exposición contiene ya una declaración intelectual. En las manos de un niño, una hoja de papel puede desprenderse de su función previsible y convertirse en un pájaro, un mapa, un arma o un avión. Henrot recupera esa facultad de imaginar alternativas para cuestionar la rigidez con la que los adultos organizamos la realidad. La infancia no aparece aquí como un territorio sentimental ni como una edad dorada perdida, sino como una inteligencia todavía capaz de desafiar aquello que la costumbre presenta como inamovible.
A medida que crecemos, aprendemos a reconocer los límites, obedecer los códigos y desconfiar de lo imposible. La exposición propone invertir ese aprendizaje. Imaginar el mundo de otra manera deja de ser una evasión para convertirse en la condición previa de cualquier transformación. En esta lectura resuena el pensamiento de Ernst Bloch, quien defendió en ‘El principio esperanza’, publicado en 1954, que la realidad alberga aquello que existe y también cuanto «todavía no» ha llegado a existir. En esa zona inconclusa sobrevive el impulso utópico.
El núcleo de la muestra es ‘In the Veins’ (2026), la nueva película de Henrot, presentada por primera vez en Escandinavia después de su estreno en el New Museum de Nueva York. Art in America la definió como «un clásico instantáneo». Rodada parcialmente en Guatemala, Costa Rica y Arizona, la obra entrelaza imágenes de rehabilitación de fauna silvestre con las labores ordinarias que implica cuidar a los hijos pequeños.
Esta convivencia entre la catástrofe medioambiental y la intimidad doméstica evita que la crisis ecológica quede reducida a una sucesión de estadísticas deshumanizadas. Según el ‘Living Planet Report’ de WWF, elaborado con la colaboración de la Sociedad Zoológica de Londres, las poblaciones mundiales de animales silvestres han disminuido un 73 % durante los últimos cincuenta años. Sin embargo, la magnitud de esa desaparición apenas altera nuestra percepción cotidiana: vivimos cada vez más alejados de la naturaleza cuya pérdida lamentamos.
In the Veins’ se aproxima al denominado «duelo climático», una forma de aflicción provocada por la conciencia de asistir a una destrucción progresiva que parece exceder nuestra capacidad individual de respuesta. Henrot sitúa ese sentimiento dentro de los gestos más ordinarios de la existencia. Frente a la idea de un tiempo lineal orientado hacia el crecimiento ilimitado, propone la persistencia de un tiempo regenerativo: el relevo entre el día y la noche, las estaciones, la muerte y el renacimiento.
‘Paper Planes’ incorpora asimismo el debut europeo de dos esculturas monumentales pertenecientes a ‘Abacus’ (2023–). Sus barras curvas y cuentas móviles, deformadas hasta adquirir una anatomía orgánica, interrogan los mecanismos empleados para clasificar, cuantificar y disciplinar la realidad. El ábaco, instrumento asociado al cálculo y al orden, abandona su geometría estable para adoptar la vulnerabilidad de un cuerpo.
La misma sospecha recorre otras piezas de la exposición. Una serie pictórica recupera fragmentos de manuales de etiqueta y situaciones de la vida diaria; trece perros sujetos con correas articulan una reflexión sobre la domesticación; dos figuras infantiles permanecen en equilibrio entre el crecimiento y la metamorfosis, mientras un zoótropo giratorio reproduce incesantemente el tránsito de la necesidad al consumo excesivo.
En ‘Interphones’ (2015), varios teléfonos interactivos ofrecen respuestas ante conflictos íntimos: un perro manipulador, una posible infidelidad o una relación difícil con el padre. La promesa automatizada de ayuda pronto revela su violencia: la empatía se transforma en un mecanismo para obtener información personal. ‘Office of Unreplied Emails’ (2016) prolonga esa investigación al desnudar la sentimentalidad compulsiva del correo basura, concebida para infiltrarse en nuestras emociones mediante una comunicación unilateral e interminable.
Los dibujos dedicados a la relación entre humanos y animales introducen humor, color y secuencias reiterativas. En ellos se reconoce el dibujo como fundamento de toda la práctica de Henrot: observar antes de interpretar, comprender sin renunciar a la duda y someter cada sistema a una nueva pregunta.
Nacida en 1978, Camille Henrot recibió el León de Plata de la Bienal de Venecia de 2013 por ‘Grosse Fatigue’. Su obra se alimenta de la literatura, la poesía, las redes sociales, la autoayuda y las rutinas domésticas para examinar las contradicciones de una sociedad conectada hasta la saturación. Como señala Marie Laurberg, directora de Copenhagen Contemporary, la artista ha conseguido transformar lo personal en político y lo íntimo en universal.
‘Paper Planes’ confirma que imaginar constituye una responsabilidad. Cuando la realidad parece administrada por algoritmos, normas y sistemas aparentemente indiscutibles, doblar una hoja hasta convertirla en avión puede dejar de ser un entretenimiento infantil. También puede representar el primer gesto de insubordinación.









