La práctica médica ante el algoritmo: IA, daño corporal y nueva responsabilidad médico-legal
La práctica médica está viviendo su mayor transformación desde la invención de los rayos X. Sin embargo, en el ámbito del derecho médico y la valoración del daño corporal, la entrada de la Inteligencia Artificial plantea una pregunta jurídica y ética fundamental: ¿puede un algoritmo sustituir el ojo clínico del perito?
En este nuevo escenario, la IA se presenta como una suerte de “segunda opinión” en la valoración del daño. La peritación médica moderna utiliza algoritmos de aprendizaje profundos para analizar pruebas diagnósticas con una precisión sobrehumana. Esta capacidad técnica introduce una modificación sustancial en la forma de objetivar la secuela, ya que la IA permite medir con exactitud milimétrica la pérdida de movilidad o la atrofia muscular, reduciendo la subjetividad en los informes periciales. Para el abogado, esto supone una prueba mucho más robusta frente a las aseguradoras.
Ahora bien, esa precisión no elimina los riesgos. Desde el punto de vista médico-legal, el perito debe actuar como un auditor ante el sesgo del algoritmo. Si una IA está entrenada con datos sesgados, podría infravalorar o sobrevalorar lesiones en ciertos perfiles de pacientes. Por ello, la responsabilidad final del diagnóstico sigue siendo, por ley, del profesional humano.
Esta transformación alcanza también el terreno de la responsabilidad civil médica en la era del algoritmo. El emprendimiento en salud, conocido como HealthTech, ha llenado las ciudades de apps de autodiagnóstico y plataformas de telemedicina. Esto abre un nuevo escenario en las reclamaciones por mala praxis, especialmente cuando un sistema de ayuda a la decisión clínica falla y surge un complejo debate jurídico: ¿es responsable el médico que siguió la recomendación de la IA o la empresa tecnológica que desarrolló el software?
A esa pregunta se suma otro elemento decisivo: el consentimiento informado digital. En un mundo donde los pacientes emprendedores buscan soluciones rápidas, el deber de informar sobre los riesgos de los tratamientos asistidos por IA se vuelve crítico. El perito médico debe ahora evaluar si el paciente comprendió que su diagnóstico fue mediado por una máquina.
Junto a esta dimensión tecnológica, la cultura urbana contemporánea, junto con el auge del ecosistema emprendedor, ha contribuido a normalizar lo que podría denominarse “medicina de mejora”. Esto incluye desde el uso de suplementación avanzada hasta tecnologías más invasivas, como dispositivos implantables, orientados no a tratar enfermedades, sino a optimizar el rendimiento físico y cognitivo. En este contexto, el paciente ya no es necesariamente alguien enfermo, sino una persona sana que busca mejorar sus capacidades.
Aquí aparece uno de los retos más complejos para el perito médico: la peritación de lo no patológico. El reto para el perito médico es evaluar daños en pacientes que no estaban “enfermos”, sino que buscaban optimizar su rendimiento. Desde el punto de vista jurídico, esto complica la aplicación de los criterios tradicionales de la lex artis, ya que el margen de tolerancia al riesgo tiende a reducirse: cualquier resultado adverso puede interpretarse con mayor severidad, dado que no existía una necesidad terapéutica previa.
A este mapa se añaden las nuevas patologías urbanas, vinculadas a los estilos de vida actuales. Fenómenos como el tecno-estrés, la fatiga digital o los trastornos derivados de entornos laborales altamente demandantes y conectados permanentemente están ganando relevancia clínica y jurídica. El reto para el peritaje médico consiste en identificar, medir y cuantificar estos daños de forma objetiva, e integrarlos dentro de los sistemas de valoración e indemnización existentes, que en muchos casos no fueron diseñados para este tipo de afecciones.
La tecnología no sustituye al perito; lo convierte en un profesional más necesario que nunca. En un mundo de datos masivos, el valor diferencial de nuestro despacho es la capacidad de interpretar esos datos para transformarlos en una prueba pericial médica con total validez jurídica.









