Concebida en estrecha colaboración con la propia artista, la exposición reúne más de cien obras que atraviesan múltiples lenguajes —pintura, vídeo, textiles, neón, escultura e instalación— y confirma el lugar central que ocupa Emin en la historia del arte reciente. Su apuesta radical por una autoexpresión sin concesiones, centrada en el cuerpo femenino como territorio de deseo, herida y reparación, ha modificado de forma decisiva la manera en que entendemos la intimidad, la vulnerabilidad y la verdad emocional en el arte.
A Second Life no funciona como una cronología neutral, sino como un relato vital. La muestra se abre con un regreso a los orígenes pictóricos de Emin, presentando piezas vinculadas a su primera exposición individual en White Cube, My Major Retrospective 1982–93. Se trata de pequeñas fotografías que documentan pinturas realizadas durante su etapa de formación en los años ochenta, obras que la propia artista destruyó tras atravesar uno de los periodos más difíciles de su vida. Estas imágenes dialogan con Tracey Emin CV (1995), un autorretrato en forma de narración en primera persona, y con el ya emblemático vídeo Why I Never Became a Dancer (1995), donde Emin reconstruye episodios traumáticos de su adolescencia en Margate. En conjunto, estas piezas introducen al visitante en una voz artística inconfundible: directa, confesional y radicalmente honesta.
La relación de Emin con Margate, su ciudad natal, atraviesa toda la exposición como un eje estructural. Tras abandonar la localidad a los quince años, regresó de manera intermitente durante su juventud antes de instalarse definitivamente en Londres en 1987 para estudiar en el Royal College of Art. Sin embargo, los acontecimientos vitales de la última década —la muerte de su madre en 2016 y su supervivencia al cáncer en 2020— propiciaron un retorno definitivo a la ciudad costera. Allí no solo fijó su residencia, sino que fundó la Residencia Artística Tracey Emin, una escuela de arte gratuita con estudios propios.
Las salas de la Tate Modern recogen obras que revisitan esta geografía emocional, explorando la memoria, la infancia y los años turbulentos vividos en Margate. Piezas como Mad Tracey From Margate: Everybody’s Been There (1997) exponen pensamientos íntimos a través de frases, cartas y dibujos cosidos a mano, mientras que la instalación It’s Not the Way I Want to Die (2005), una montaña rusa de madera inspirada en el parque Dreamland, transforma el imaginario del ocio en una reflexión sobre ansiedad, miedo y fragilidad.
El enfrentamiento directo con el trauma es una constante en la obra de Emin y ocupa un lugar central en esta retrospectiva. La exposición aborda sin rodeos su experiencia de agresión sexual mediante obras como el neón I Could Have Loved My Innocence (2007) o el percal bordado Is This a Joke (2009). Especial relevancia adquiere el vídeo How It Feels (1996), uno de sus trabajos más personales, donde relata un aborto fallido y denuncia la negligencia institucional, las consecuencias físicas y psicológicas de la experiencia y la misoginia estructural asociada a la maternidad impuesta. Presentada ahora por primera vez al público, la colcha The Last of the Gold (2002), con la inscripción “De la A a la Z del aborto”, amplía este gesto político ofreciendo orientación a otras mujeres en situaciones similares.
En el núcleo de A Second Life se sitúan dos instalaciones decisivas en la trayectoria de Emin: Exorcism of the Last Painting I Ever Made (1996) y My Bed (1998). La primera documenta las tres semanas que la artista pasó recluida en una galería de Estocolmo intentando reconciliarse con la pintura, medio que había abandonado tras su aborto. A continuación, My Bed —obra icónica y nominada al Premio Turner— registra el colapso emocional y la recuperación de una crisis nerviosa agravada por el alcohol. Juntas, estas piezas marcan simbólicamente el tránsito de una primera vida a una segunda, atravesada por la enfermedad, la cirugía y la reconstrucción personal.
La experiencia reciente de Emin con el cáncer, la discapacidad y la transformación corporal se aborda de forma explícita, reafirmando su rechazo a cualquier frontera entre lo privado y lo público. La escultura de bronce Ascension (2024) examina su nueva relación con el cuerpo tras una cirugía mayor por cáncer de vejiga, acompañada de fotografías inéditas que muestran el estoma con el que convive actualmente.
El recorrido culmina con una serie de pinturas de gran formato que exploran esta “segunda vida”. Aunque el dolor y la angustia persisten, estas obras introducen una dimensión casi espiritual, marcada por una voluntad férrea de habitar el presente. Entre ellas se sitúa Death Mask (2002), una pieza de tono oscuro que recuerda una existencia vivida sin reservas. Fuera del museo, el monumental bronce I Followed You Until The End (2023) se impone en el paisaje urbano de la Tate Modern, extendiendo la experiencia expositiva al espacio público.
“Estoy profundamente emocionada de exponer en la Tate Modern”, ha declarado Emin. “Para mí es uno de los museos de arte contemporáneo más importantes del mundo. A Second Life representa un punto de inflexión: un momento para mirar atrás y, al mismo tiempo, hacia adelante. Una auténtica celebración de la vida”. Con esta retrospectiva, la Tate no solo consagra la trayectoria de una artista clave, sino que ofrece una lectura cruda y luminosa de cómo el arte puede convertirse en un acto radical de supervivencia.









